martes, 3 de diciembre de 2013

Permitirnos pensar otro tipo de evaluación


Desde hace ya mucho tiempo que pienso que tenemos que modificar la evaluación. Sigue haciéndome ruido lo que esperamos de los estudiantes y la forma en que los evaluamos ¿a quién le sirve?

Hipoteticé que el curso con sus estudiantes sería un barco en el océano que debía llegar después de una determinada travesía a puerto. La metáfora sería que todos tendrían que "salvarse" para lo cual cada estudiante mas aventajado en una disciplina tomara a su cargo a un compañero de curso que justamente no tuviera  habilidades para ese contenido en particular, de forma tal que entre los dos lograran llegar a "fin de año" aprobándola. Es sabido que el estudiante que es apoyado por su entorno tiene mejor desempeño por lo que se mejorarían a la vez las relaciones interpersonales. No siempre ese estudiante tendría a su cargo el mismo estudiante para todas las asignaturas, sino que esto dependería de las "habilidades múltiples" que tengan los chicos. Quizás el que en un espacio curricular funciona como tutor en otro podría ser tutoreado por otro. Básicamente es que todos logren promocionar, "llegar a puerto" entendiéndose como un logro de un colectivo y no de un sujeto individual. El nivel de compromiso sería otro, ligado estrechamente al "otro"

En este contexto el docente sería el facilitador de la información y el que les acercará el conocimiento para que los estudiantes se lo apropien y  lo internalicen.

Veo una de las tantas contradicciones que surgen en la escuela, se espera que los chicos se desempeñen en grupo pero al momento de evaluarlos "sálvese quien pueda". Creo sincermente que lograríamos mejores resultados y con el plus de que ese estudiante seria mas compasivo y solidario.

Comparto con ustedes un capítulo de Redes para la ciencia donde se analiza la implicación del manejo de las emociones en el aprendizaje

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